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Menos ozono y más jabón frente al CoV-2

Los prevencionistas, os damos la brasa con el jabón. A vuestra mente siempre os viene como un producto suave, relajante y siguiendo a Freud como algo que os identifica con vuestras madres. Hoy muchos pensáis en el ozono, sin llegar o cuando menos a valorar, las evidencias científicas del jabón como el mejor destructor y escudo frente a la enfermedad del Covid-19.

Desde la perspectiva de la disciplina preventiva de la Higiene Industrial y del combate a los microorganismos, con más frecuencia que ausencia, lo tenemos como extremadamente destructivo. Una sola gota de jabón común, aunque sea natural, procedente de grasa de cerdo y carente de sosa u otra sustancia química, diluida en agua es lo suficiente para romper y matar a la mayoría de las bacterias y virus, incluyendo el bicho que nos ocupa.

El alto poder de combate del jabón, se encuentra en su estructura híbrida.
Los jabones, están compuestos de moléculas en forma de alfiler y cada una de ellas tiene una cabeza hidrofílica, es decir, consta de grupos polares fuertes que interaccionan fácilmente con el agua. También está formado por una cola hidrofóbica, que evade el agua y que prefiere juntarse con aceites y grasas. Ambas, al estar suspendidas en el agua, flotan alternamente cada una como unidad solitaria e interactúan con otras moléculas en la solución, ensamblándose en micelas que son unas pequeñas burbujas de composición compleja.

Muchas bacterias y virus tienen membranas lipídicas que se asemejan a micelas de doble capa con dos bandas de colas hidrofóbicas intercaladas entre dos anillos de cabezas hidrofílicas. Esas membranas están cubiertas con proteínas enormemente dañinas que permiten a los virus infectar a las células y desempeñar tareas vitales que mantienen vivas a las bacterias. El CoV-2 es de esos.

Cuando nos aseamos con agua y jabón, cuando limpiamos algún instrumento, herramienta o superficie de trabajo, ya sea con jabón o con solución o compuesto químico que contenga a este como base o derive del mismo, rodeamos cualquier microorganismo con las moléculas de jabón. Las colas hidrofóbicas de las moléculas de jabón que flotan libremente intentan evadir el agua, a la vez que penetran en las envolturas lipídicas de ciertos microbios y virus, y las abren a la fuerza. Funcionan con una violencia que nosotros no podemos ver y desestabilizan el sistema de los bichos. Siendo totalmente inocuas para el organismo humano.

El jabón, dentro de su composición, también cuenta con moléculas que interrumpen el ciclo vital, los enlaces químicos que permiten hospedarse en nosotros o superficies a las bacterias, los virus y sobre todo la suciedad. Las micelas, los fragmentos de virus y bacterias, son muy hábiles para subsistir, se pueden formar alrededor de partículas de suciedad tomándolas como refugio. Por ello es la importancia del jabón y soluciones que los contengan en su interacción con agua para atraparlos y destruirlos.

En cuanto a los desinfectantes de etanol, estos deben contar al menos con un 60% del mismo para poder actuar que el agua y el jabón para fragmentar las membranas lipídicas, aunque, no pueden remover con facilidad los microorganismos de la piel, pero si en superficies.

Existen virus que no dependen de membranas lipídicas para infectar una célula, también bacterias que sus membranas las tienen protegidas con fuertes escudos compuestos de proteínas y azúcar (hepatitis A, poliomielitis, neumonía y los adenovirus, estos últimos causantes del resfriado común), pero una fuerte limpieza si bien no los mata, los expulsa de nuestra piel.
Por tanto, a día de hoy es el jabón y soluciones derivadas, los únicos que pueden combatir al CoV-2 ambiental. Menos tecnología, que si es buena para muchísimas cosas (se tratarán en el momento oportuno), pero, no para este bicho.

Tener en cuenta que el índice de toxicidad dérmica del jabón, es nulo. Así lo ha reconocido como eficaz y no nocivo, el Gobierno de la nación dentro de sus listados de virucidas ad hoc para este patógeno y, si no os convence, ha sido reconocido por su alto poder de combate, por la inmensa mayoría de científicos que no dependen de gobierno alguno. Este bicho no se mantiene en el ambiente, no le gusta como huésped, busca superficies, busca otra vida que chupar y a los seres vivos no se nos puede ozonizar. Cuando vea una evidencia científica oportunamente testada, reconocida por los diferentes organismos internacionales con competencia para ello, cuando vea que cambien o minimicen los VLA (todo puede evolucionar), rectificaré.

AUTOR:

Alejandro López

ALEJANDRO LÓPEZ
Policía Local

Técnico Superior y perito judicial en PRL.

AUTOR:

JUAN JOSÉ AGÚN
Doctor en PRL. Ingeniero.

Responsable del Servicio de Prevención Propio del Hospital Intermutual de Levante en Valencia.

AUTOR:

Sergio Martín
Policía Local

Técnico en planes PRL para unidades policiales y militares

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