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El frio, un riesgo laboral en la policía. Medidas preventivas e incidencia COVID-19

Como con cualquier otro riesgo laboral, respecto los FMEX, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que cumple este mes 25 años, señala la obligación de nuestras Jefaturas y Servicios de Prevención de seguir unos principios de acción preventiva, señalando una jerarquía en el establecimiento de las medidas preventivas para actuar sobre los riesgos en origen. Y así el artículo 15 de la norma fija: 

a) Evitar los riesgos.

b) Evaluar los riesgos que no se puedan evitar.

c) Combatir los riesgos en su origen.

d) Adaptar el trabajo a la persona, en particular en lo que respecta a la concepción de los puestos de trabajo, así como a la elección de los equipos y los métodos de trabajo y de producción, con miras, en particular, a atenuar el trabajo monótono y repetitivo y a reducir los efectos del mismo en la salud.

e) Tener en cuenta la evolución de la técnica.

f) Sustituir lo peligroso por lo que entrañe poco o ningún peligro.

g) Planificar la prevención, buscando un conjunto coherente que integre en ella la técnica, la organización del trabajo, las condiciones de trabajo, las relaciones sociales y la influencia de los factores ambientales en el trabajo.

h) Adoptar medidas que antepongan la protección colectiva a la individual.

i) Dar las debidas instrucciones a los trabajadores.

La práctica totalidad de los policías y guardias civiles prestan su servicio en el exterior lo que hace imposible intervenir sobre el origen de estos riesgos. Esto obliga a adoptar medidas de tipo organizativo (adaptar la movilidad, rotación de servicios, descansos, etc.), y medidas de protección individual (uniformidad adecuada a la estación y a las inclemencias meteorológicas, autoprotección, etc.). 

Siempre se priorizan la adopción de medidas colectivas frente a las individuales, en este artículo, y como la mayoría no tenemos puestos o empleos de responsabilidad sobre las plantillas, invertimos el orden.

MEDIDAS INDIVIDUALES

Los policías y guardias de base, también mandos intermedios, tenemos nuestras obligaciones preventivas y como son nuestra adaptación al clima y la elección adecuada de las prendas del uniforme a vestir. El uniforme es nuestro primer EPI. La técnica actual nos permite mantener condiciones de seguridad y confort; atrás quedaron los trajes de primera comunión que hasta aún no hace dos décadas usábamos la mayoría. Tenemos que escoger la uniformidad y el material adecuado para el servicio, teniendo presente que:

  • La capa interior es la que elimina el sudor, la capa exterior debería aislar del viento, nieve, lluvia, permitiendo eliminar el sudor.
  • Las capas intermedias son para retener el calor.
  • Siempre debemos de llevar puesta la prenda de cabeza ya que el 30% del calor se pierde por la misma.

Entender que, la humedad provocada por la transpiración, la nieve o la lluvia, puede ser muy peligrosa. Para mantener el confort y evitar la hipotermia, es fundamental evitar que ciertas zonas de nuestro cuerpo (pies, manos, axilas, cuello y pecho), permanezcan húmedas mucho tiempo. Ojo, no llevemos exceso de ropa ya que al sudar la mojamos y aumentamos la pérdida del calor corporal.

En cuanto al calzado a usar, lo mejor son las botas de media caña sometiendo el pantalón. Hay que dejarse de complejos y usar siempre este tipo de calzado, es el que mayor seguridad y confort nos ofrece en cualquier estación del año. El doble calcetín ayuda a prevenir patologías del pie. 

Priorizaremos el empleo de la ropa cortavientos. Las chaquetas cortavientos además de ser resistentes a este fenómeno, son impermeables y transpirables. Si prestamos servicio en coche patrulla hay que llevar siempre a mayores el anorak y los pantalones de agua. Tenemos que sustituir la ropa húmeda para evitar pérdidas de calor. Recomiendo y aun no siendo facilitadas por nuestros responsables, como parte de la equipación para el servicio la adquisición y uso de mochilas tácticas, su precio es bajo para el auxilio que nos prestan (uniforme, documentación, otras piezas del equipo).

Debemos de proteger el cuello con la braga tubular. Hay cuerpos que cuentan con bragas de protección cortaviento, este tipo es el que deberíamos emplear todos. No hay que permitir que el aire frío entre directamente en nuestros pulmones y para eso contamos con esta parte de la uniformidad. Las bragas, además de proteger el cuello, permiten taparnos la nariz y si fuera necesario las orejas, donde también suelen salir sabañones. Este invierno y posiblemente el siguiente, con la situación que vivimos por el Covid, nariz, boca y barbilla están protegidas por la mascarilla.

A muchos les pueden parecer incómodos, pero los guantes están para algo y no ocupan mucho espacio. Sabemos cuándo y cómo empieza el servicio, no sabemos lo que puede sobrevenir durante el mismo y tampoco cuando termina. Tenemos que evitar el enfriamiento localizado. Son imprescindibles para servicio en cruce, dispositivos y control de accesos.

Si las temperaturas son muy bajas o sopla aire fuerte, deberíamos llevar protección ocular.

Hay que limitar el tiempo de exposición al frío, realizando pausas en lugares cálidos para recuperar el calor que hayamos perdido, quitándonos el uniforme de abrigo exterior y aflojando el resto para permitir la evaporación del sudor. Si contamos con uniforme de sobra en el acuartelamiento, es mejor cambiarnos.

Es conveniente que se dote a los motoristas de una pantalla antiempañante o Pinlock. El casco debe de estar preparado para poder incorporar ese accesorio.  La doble pantalla deja siempre una superficie libre de vaho sean cuales sean las condiciones en las que se circule. Es cierto que se puede evitar el empañamiento vistiendo un sotocasco, pero, en caso de colocarlo mal, con la humedad proyectada por la parte superior de la pantalla dificultaría la toma de aire frontal y no evitaría la condensación. El sotocasco también hace sudar y eso no es bueno. En cuanto a la protección solar en el mercado existen láminas de colores e incluso fotocromáticas que se oscurecen según la intensidad de la luz. En seguridad vial tenemos que formar con el ejemplo. 

La alimentación es fundamental para nuestra adaptación y combate del clima. Los alimentos dan calor a nuestro cuerpo. El frío aumenta las necesidades calóricas, y por consiguiente, el consumo de alimentos.

Debemos de ingerir comidas calientes como son las sopas de pasta y legumbres, comidas que aportan la energía necesaria además de sensación de calor. Esto no es óbice para una alimentación variada, para seguir una dieta mediterránea y que contenga en sus platos el resto de alimentos, sobre todo verduras y frutas ricas en vitaminas A y C, huevos, pescado, carne, etcétera.

Hay que aumentar la ingesta de agua. Con el frío, al igual que con el calor, perdemos líquidos.

Durante el día y antes de acostarnos, debemos de tomar una taza de alguna bebida caliente (caldo, cacao, leche). Esto, además de nutritivo, nos ayuda a mantener la temperatura corporal.

Hay que evitar las bebidas con cafeína y las alcohólicas. El alcohol no es útil para combatir el frío y aunque inicialmente nos provoca una sensación de calor, al producir vasodilatación favorece la pérdida de calor corporal, enfriándose aún más nuestro cuerpo. Si ya nuestros Reglamentos nos lo prohíben, en este caso más, no sirve de nada, tiene un efecto sinérgico. El barril de un sanbernardo y el brandy que contenía es una falsa ilusión. El café lo podemos sustituir con alguna infusión que no ayude a eliminar líquidos.

Tener siempre en cuenta que una tiritona continuada es la mejor señal de alarma; nos indica que no debemos continuar en el exterior. Si se detecta la aparición de escalofríos, la exposición al frío debe cesar inmediatamente. El que se dedique al mando tiene que tener esto siempre presente.

MEDIDAS COLECTIVAS

La primera medida es formar e informar a los policías y guardias civiles en todos los aspectos relacionados con la prevención y efectos del frío, acerca de las reacciones fisiológicas y subjetivas en su organismo, aspectos relacionados con la salud, el riesgo de accidentes, las medidas de protección, el uso de prendas protectoras y las técnicas de primeros auxilios.

La vigilancia específica de la salud es imperativa para la posible detección de especiales sensibilidades: problemas dérmicos, disfunciones circulatorias o cualquier patología que pudiera agravar o incrementarse por la afección del frío. 

Los mandos y sobre todo los que ejercéis jefaturas de unidades, cuerpo, compañía o línea, tenéis que conocer las predicciones meteorológicas de vuestra zona y del estado de la red viaria (nieve, hielo), con especial atención a la información aportada a las jefaturas por los servicios de emergencia y protección civil sobre la posibilidad de incidencia de fenómenos naturales adversos en el término municipal o demarcación. La información al respecto se encuentra en:

– Agencia Estatal de Meteorología: http://www.aemet.es

– Dirección General de Tráfico: http://www.dgt.es

– Protección Civil: http://www.proteccioncivil.org

– Emergencias 112 de cada Comunidad Autónoma.

En cuanto a dependencias, lo primero es un mantenimiento periódico y óptimo del estado de las ventanas y de las instalaciones de calefacción.  Hay que tener controladas las posibles fugas de calor, localizar aquellos lugares por donde pueda entrar el aire frío. Tenemos que mantener la temperatura y humedad, así como velocidad del aire.

El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, siguiendo el Real Decreto 486/1997, que regula las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo, señala una temperatura de entre 17 y 27 º C para trabajos realizados en oficina, y de entre 14 y 25 º C, en locales en los que se lleven a cabo trabajos ligeros. Fija para el verano una temperatura de entre 23 y 27 grados. El Reglamento de Instalaciones Térmicas de Edificios, introduce limitaciones en las temperaturas que debemos utilizar en los edificios de uso no residencial, como son nuestros acuartelamientos, fijando que la temperatura deberá de estar entre 23 y 25 grados, por lo que nos quedaremos con estas últimas por ser ley posterior.

La humedad tiene que estar comprendida entre el 30 y el 70% excepto en dependencias donde pueda existir un riesgo por electricidad estática en donde el límite inferior será del 50%.

TIPOS DETRABAJOTEMPERATURA
HUMEDAD RELATIVA

Sedentario(oficinas, salas operativas, atestados, cuerpos de guardia)
Mínima 17º C Máxima 27ºC
Mínima 30% Máxima 70%
Ligeros no sedentariosMínima 14º C Máxima 25º C
Con riesgo de electricidad estática, máxima 50%

Hay confort térmico, como ya hemos visto anteriormente, cuando las personas no sentimos calor ni frío. En la sensación térmica de cada persona, existe un elevado grado subjetivo. Nunca podremos lograr un bienestar térmico total, pero si lograr el máximo grado de comodidad, teniéndose en cuenta, que siempre existirá un porcentaje de policías o guardias insatisfechos y actuando en márgenes de entre un 5 y un 10% de esos funcionarios.

Lo más útil para la vigilancia de la temperatura en dependencias es automatizando su control y a través del empleo de termostatos inteligentes. Además de asegurar una óptima climatización, ahorraremos energía. También es necesario invertir en el aislamiento y prevenir la entrada de frío o calor externos, corrientes de aire, etc.

No debemos de estar expuestos de forma frecuente o continuada a corrientes de aire cuya velocidad exceda los siguientes límites establecidos.

La velocidad del aire no debe ser superior a 0,1 metros por segundo.

En cuanto a la renovación mínima del aire de las dependencias policiales, se estará a lo establecido en su normativa específica. Las instalaciones térmicas tienen que mantener una calidad del aire interior aceptable en las dependencias que ocupamos, eliminando los contaminantes que se produzcan de forma habitual y durante el uso de las mismas. Tienen que aportarnos un caudal suficiente de aire exterior, además de garantizar la extracción y expulsión del aire viciado.

Es importante tener en cuenta que debemos de evitar siempre las recirculaciones de aire. Nunca se debe colocar un extractor encima de la puerta de entrada de la dependencia, si la puerta la tuviéramos abierta, no se producirá ningún tipo de ventilación y el mismo aire extraído, será el aire nuevo que pretendemos aportar al espacio. 

Como medida preventiva, cualquiera de nosotros, mandos y policías, tenemos que reseñar e informar al responsable del servicio o al de mantenimiento, cualquier incidencia o molestia soportada.

Este invierno, y posiblemente el siguiente, por la incidencia de la COVID, no vamos a poder seguir los niveles marcados por las normas. La climatización de las dependencias puede ser un factor de riesgo para la propagación del coronavirus. Los sistemas de climatización de muchos de nuestros acuartelamientos, están diseñados para mantener las temperaturas confortables que hemos visto y aumentar la eficiencia energética, esto, durante la pandemia en la que estamos inmersos, puede aumentar nuestro riesgo de exposición y propagación del SARS CoV-2.

Hay que ventilar los espacios cerrados de forma frecuente y en especial aquellas dependencias de uso compartido, sin olvidarnos de la limpieza, al principio, durante y al finalizar servicio. Dar preferencia a la ventilación natural, pero a su vez mantener las temperaturas que nos permitan un confort, evitando un consumo excesivo de la energía empleada lo que va a ser muy difícil de lograr. Cuando abramos las ventanas, no podemos abrir las puertas y esto para que una corriente interna no desplace el virus por dependencias. Siempre debemos de evitar que el aire circule y no se renueve, intentar que la dirección del aire en un espacio cerrado no sea circular; en tal forma no se renovaría. 

Si se estuviera proyectando una reforma o se hubiera contratado un nuevo sistema de calefacción-climatización, para minimizar la propagación, hay que valorar la adquisición de equipos con modelos que renueven el aire y a su vez cuenten con filtros que tengan la capacidad de eliminar las bacterias y virus para minimizar su expansión. 

Existen dependencias donde la ventilación natural no es suficiente o simplemente no existe (depósito de detenidos, algunas salas operativas y de control del tráfico), y en donde en muchas de ellas se emplean equipos extractores o impulsores. Cuando se dispone de sistemas de ventilación forzada, el nivel de aire exterior tiene que incrementarse y la recirculación hay que reducirla. De no ser posible esto, debería purificarse el aire con equipos provistos de filtros HEPA (High Efficiency Particulate Air), retienen las partículas y nos proporcionan aire limpio. Son filtros mecánicos con una capacidad de filtrado de pequeñas partículas, muy superior a un filtro convencional.

Recordar que, los virus no se mueven de forma autónoma y por lo general se unen a otro tipo de partículas (sobre todo acuosas), entre ellas las gotas respiratorias, mecanismo principal de transmisión humano-humano. Los filtros HEPA atrapan éstas y otras partículas que tengan adheridos el virus, evitando que sigan discurriendo por la sala.

El aire acondicionado, los sistemas de ventilación, mueven el aire de la dependencia. Si a estos equipos se le dota de un buen sistema de filtrado, se consigue que la inmensa mayoría de partículas que son absorbidas por la máquina queden atrapadas en el filtro y no se devuelven a la estancia. Por tanto, lo mejor es la filtración a través de esos sistemas.

Las características deseables para estos sistemas son: filtro HEPA (HEPA H13 es capaz de bloquear el 99.95% de las partículas del tamaño de máxima penetración, sólo un 0.05% de las partículas de ese tamaño son capaces de escapar al filtro; caudal suficiente; no generación de ozono; por último, ruido dentro del umbral permitido.

Se debería tener en cuenta también, en todo acuartelamiento y para aquellos espacios con un alto nivel de ocupación y como pueden ser las salas de lista o algunas oficinas, la adquisición e instalación de medidores de CO2. El control del aire interior es objetivo preferente para mejorar la salud de las personas y reducir la transmisión de virus. Altos niveles de dióxido de carbono en aire, nos indican que la ventilación no es buena. Se trata de intentar tener el mayor nivel de salubridad dentro de lo posible en las condiciones actuales. Como hemos visto, los ínfimos aerosoles respiratorios que contienen el coronavirus viajan junto con el dióxido de carbono que producimos al respirar y afectar a distintas dependencias por los flujos de ventilación. Una ventilación insuficiente puede conducir a una alta concentración de dióxido de carbono, lo que puede llevarnos a un aumento de la exposición al SARS CoV-2. El precio de estos equipos ronda los 80 euros, ayudan en el logro de un equilibrio salud-economía. Si se van a emplear estos medidores, recordar seguir siempre las recomendaciones del fabricante e indicaciones de calibración en caso de que existieran.

En cuanto a la humedad tenemos que procurar estos años y más que nunca el equilibrio. Los estudios científicos nos dicen que, con una humedad relativa del 50 por ciento, las gotículas exhaladas por nosotros y de un tamaño medio, no pasan de los 3,35 metros, sin embargo, en un lugar con una humedad del 100% pueden viajar hasta los 4,48 metros. Con una alta humedad, el tiempo de evaporación de estas aumenta, pero también al calentar unas dependencias, se reduce el nivel de humedad relativa interior lo que tiene un impacto significativo en la propagación de enfermedades como la COVID-19. Cuando el aire frío y con poca humedad del exterior se lleva a interiores y se calienta a una temperatura de entre los 20 y 24 grados centígrados, la humedad relativa interior desciende notablemente. Arquitectos y prevencionista tenemos que adaptar los sistemas y medidas preventivas anteriores a esta pandemia, estudiando estancia por estancia, características y distribución del personal en las mismas, nadie tiene que ser sacrificado en beneficio de otros. Tener presente que una mala iluminación, ruido también, son riesgos laborales.

Hasta aquí lo tecnológico, posiblemente en la mayoría de los cuerpos no existan fondos, y en algunos otros, los responsables no quieran gastar. Repito, este año y los que vengan, mientras no exista una cura efectiva para la COVID 19, los que estamos en interiores, los que nuestro servicio habitual se desarrolla en planas, o coordinación y apoyo técnico, vamos a pasar un poco de frío; será muy difícil alcanzar el equilibrio, el confort térmico. 

Frente al patógeno, aparte de la ventilación, insisto en otras entradas mías: incrementar la higiene, empleo de EPI respiratorio, sectorización, restructuración de turnos que eviten gran concurrencia de funcionarios en el mismo espacio, burbujas, limitar acceso a policías y guardias ajenos a la unidad. Todas estas medidas tienen que acentuarse durante el otoño e invierno. Los responsables de cuerpos y unidades tenéis que tener presente que entramos en estaciones donde el bicho va a convivir con otras patologías víricas. Ni podemos caer de baja, ni podemos colapsar los sistemas sanitarios. Recomiendo la lectura de la información científica-técnica del Ministerio de Sanidad.

Continuando con las medidas preventivas generales, siempre en aquellas situaciones donde nos han informado de temporal de frío extremo, debemos mantener un pequeño chorro constante de agua en los grifos que evite la congelación en las cañerías y daños en las más antiguas.

Si concurrieran tormentas de nieve, hay que limpiar de ésta las aceras y patios de la jefatura, echando sal sobre los caminos o escaleras de acceso. Hay que olvidarse de complejos o negarse por ser policías para no hacerlo, precisamente, por ser funcionarios de policía debemos de colaborar en prevención, estamos ante un FMEX, somos personal de emergencia. Un accidente nuestro puede dejar desamparado al ciudadano.

Nos tenemos que asegurar de que las cubiertas del acuartelamiento se encuentran en buenas condiciones ya que la nieve que se acumula pesa más de lo que nos solemos imaginar. Tenemos que limpiar los carámbanos cuando amaine el temporal.

En cuanto al servicio en motocicleta el principal riesgo ante bajas temperaturas es la entrada en hipotermia. Vimos en el anterior artículo como el frío afecta a la destreza de la persona que lo soporta, lo que da lugar a un riesgo elevado de accidente. Cuando estén previstas temperaturas de 7º centígrados ambiente y durante más de una tercera parte del servicio, se debe cambiar el servicio en motocicleta por otro medio. Si no se cuenta con Evaluación de Riesgos y Planificación de Medidas, se debe emitir por la Jefatura una instrucción o protocolo ad hoc.

Hay que fijar turnos para limitar el tiempo de exposición al frío, para permitir que los policías puedan realizar pausas en lugares cálidos que les permitan recuperar el calor perdido. Planificar los descansos de forma periódica en lugares acondicionados, fijar el tiempo de relevos y permitir descansar siempre que fuera necesario. Programar rotaciones en el desarrollo de tareas repetitivas (cruce). En prevención sabemos que los ciclos breves y frecuentes de trabajo-descanso son más beneficiosos para el trabajador que periodos largos de trabajo y descanso. Hay que reducir el número de horas de trabajo a baja temperatura.

Evitar siempre la exposición de un policía en solitario al frío. Nuestro trabajo incluye servicios en zonas peligrosas, aisladas, o incluso de acceso restringido y en donde nadie nos puede asistir en caso de accidente y estrés térmico.

Los responsables del parque móvil diariamente tienen que comprobar el estado de los vehículos de servicio y con especial celo en: líquido anticongelante, frenos, luces, neumáticos, calefacción, parabrisas, etc.

AUTOR:

ALEJANDRO LÓPEZ
Policía Local

Técnico Superior (tres especialidades) y perito judicial en PRL.

Experto en Seguridad Vial. Investigador de Incendios y Explosiones.

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